miércoles, 24 de mayo de 2017

LAS TERMITAS

LAS TERMITAS [1]   
Soy una termita.          
Mucho antes de que yo naciese, las termitas ya vivían en el Árbol Viejo. Según cuentan, al principio eran unos pocos insectos en un roble de varios metros de perímetro y muchos más de altura.
Hoy en día somos miles de millones de termitas. Estamos distribuidas a lo largo de la práctica totalidad del tronco y las ramas. Nuestra sociedad crece exponencialmente, cada generación más y más rápido. Y todo gracias a la rica madera del Árbol Viejo.
Este constante progreso hace que, en general, en el termitero se mantenga un ambiente de optimismo y alegría que a su vez favorece aún más el buen funcionamiento, organización y crecimiento de la colonia. Y sin embargo, en el fondo, ninguna termita está realmente satisfecha.
Algunas llevan ya generaciones diciendo que el Árbol Viejo pertenece a las obreras y que son ellas las que deben administrarlo, o incluso disfrutar de él en exclusiva. Dicen que el problema es que la reina, la corte y los soldados son parásitos que viven a costa de las obreras y que acumulan serrín mientras las obreras pasan hambre.  
Pero yo que conozco bien a estas quejicas sé que en realidad sólo las mueve la envidia y el odio debidos a la frustración por no poder hacer ellas otro tanto.           
Yo también pienso que la reina, la corte y los soldados son parásitos innecesarios, pero también sé que no son más que una pequeña parte del verdadero problema, o mejor dicho, una mera consecuencia del mismo.
Sé que aunque las obreras no puedan comer la mejor madera, ni acumular tanto serrín como las clases altas, prácticamente todas ellas aspiran a poder hacer lo mismo; sueñan con conseguirlo, y la mayoría viven relativamente “felices” y “contentas” mientras les permitan trabajar para intentarlo.
Sé que, en el fondo, la inmensa mayoría de los miles de millares de insectos que forman la colonia tiene una misma idea, una misma meta: comer y acumular más y mejor madera (mucha más de la necesaria). Aunque eso signifique que, como no hay suficiente para acumular todas, muchas se quedarán sin ver satisfecho su sueño, y que, de entre éstas, muchas protestarán y echarán la culpa a quienes consigan acumular más (que, por cierto, nunca será suficiente para ninguna de ellas).         
Pero el problema real es precisamente ese afán imparable de crecer y reducir el tronco y las ramas del Árbol Viejo a virutas utilizables por la colonia. Están todas tan cegadas por las ansias de prosperar en su acumulación que no son capaces de ver lo que está pasando: el Árbol Viejo se está muriendo. Sus últimas partes vitales están viéndose afectadas por la actividad constante y creciente del termitero.     
Cuando llegamos al Roble, cuentan las crónicas, vivían, en él muchos otros seres. Su tronco y ramas albergaban toda clase de seres vivos, nosotros éramos una especie más.
Pero en algún momento la situación comenzó a cambiar. Algunos termiteros comenzaron a ser muy grandes y a establecer una red de colonias a lo largo del tronco. Necesitaban espacio y alimento y comenzaron a expulsar y a exterminar a otras especies que vivían en el Árbol. A algunas las hicieron esclavas y las aprovecharon para prosperar y acumular más. No corrieron mejor suerte algunas pequeñas colonias de termitas que vivían al margen de la red de termiteros en las zonas más alejadas del tronco.
Para que la red de colonias no se viniese abajo fueron necesarios no sólo un crecimiento y expansión constantes de la misma a otras partes del Árbol aun no colonizadas, sino que a la vez hubo que ir estructurando y regulando progresivamente la vida de los insectos que formaban parte de ella. Así se llegó a la actual forma de organización social en clases y subclases (reina, corte, soldados y obreras), y a la programación ideológica basada en la prosperidad como meta incuestionable, es decir, en considerar que el sentido natural de la existencia de las termitas es y debe ser trabajar para poder comer y acumular más de lo necesario.      
Así, poco a poco, la red de termiteros se fue haciendo más compacta, hasta ser lo que es hoy en día: una monstruosa colonia única que abarca la práctica totalidad del Árbol Viejo.
Pero todo este crecimiento, este progreso, se ha construido a costa, no ya del exterminio, la esclavitud y la imposición de una determinada forma de pensamiento, acción y organización social, sino también a costa de la colonización y reducción del Árbol Viejo a serrín y estiércol.           
Algunas termitas parecen haberse dado cuenta de este problema, pero esta impresión no suele ser más que un mero espejismo.
Unas, siguiendo la línea de sus abuelas, culpan en exclusiva a la reina, la corte y los soldados de la esquilmación del Árbol Viejo, olvidando que la colonia, y la destrucción que ésta acarrea, está siendo mantenida y desarrollada por el trabajo y el consumo de las propias obreras, y que prácticamente ninguna de las obreras del cada vez mayor centro de la colonia trabaja sólo para comer y mantenerse viva, sino que casi todas (incluidas estas “descontentas”) comparten con los nobles y soldados el irrefrenable deseo de comer más de lo necesario y acumular todo lo posible.       
Otras no culpan a nadie; sólo piden a las clases dirigentes del termitero que tomen medidas para evitar la destrucción. Y, por supuesto, entre petición y petición, siguen trabajando para poder comer y acumular más y más serrín y virutas.
Y también casi todas ellas, tanto las que quieren más pero no pueden, como las que exigen medidas (a veces son las mismas), no se plantean ni por un momento que la Colonia deba dejar de crecer, que el verdadero problema, del que derivan el resto, es que hemos creado una sociedad de insectos, demasiado grande y exigente para nuestra verdadera forma de ser y para la salud y el tamaño limitado del Árbol Viejo.
A medio camino entre las nobles y las obreras, está la casta de las ingenieras, que constantemente plantean soluciones técnicas a los problemas para poder continuar con el desarrollo de la colonia.
Entre éstas cada vez, hay mas que creen posible llegar a un equilibrio entre el crecimiento de la colonia, el mantenimiento de las condiciones de habitabilidad en el termitero y la conservación del Árbol Viejo. Llaman al conjunto de sus teorías “crecimiento mantenible”, y dicen estar poniéndolas en práctica ya. Hablan de recuperar los desechos de la colonia y de mantener (e incluso incrementar) la producción de serrín y viruta controlando y dirigiendo artificialmente el crecimiento del Roble, siempre eso sí, sustituyendo la madera, las ramas, las hojas... originales por nuevos materiales renovables. Y para conseguir esto ingenian métodos de lo más diverso, pero jamás plantean reducir verdaderamente al mínimo el consumo de madera ni parar e invertir el crecimiento de la colonia.
En realidad sus métodos de renovación y sostenibilidad no sirven para salvar lo que queda del Árbol Viejo (ni tampoco lo pretenden realmente), sino sólo para ocultar su destrucción y perpetuar el desarrollo de la colonia.     
Incluso, muchas ingenieras plantean y estudian la posibilidad de extender la colonia a otros árboles, algunos de ellos tan lejanos que apenas podemos verlos desde aquí, o incluso de crear “árboles” artificiales, termiteros en medio de la nada, a los que enviar la población excedente. Y todo esto, a la vez que hablan de rediseñar nuestra especie (y otras) para adaptarla a las condiciones de esos nuevos entornos allí, o del propio entorno degradado de lo que queda del Viejo Árbol aquí.
Las ingenieras son una casta increíble; son capaces de presentar, estudiar y trabajar seria, fría y metódicamente las ideas más inverosímiles, disparatadas, abominables y alucinantes de tal modo que parezca, no sólo que son sensatas y que tienen fundamento, sino que son lo ideal, lo más deseable, lo mejor que podemos y debemos intentar lograr. Y hasta ahora han conseguido que el termitero siga creciendo. Por eso, el resto de las termitas, desde las nobles a las obreras, y desde las más “felices” con su situación a las más descontentas, tiene a las ingenieras en gran estima y confía en ellas, tomando sus teorías y proyectos como referente y modelo a seguir, y como fuente de la que obtener la esperanza necesaria para seguir lanzándose con energía y alegría a desarrollar el termitero y a acumular más serrín.
Pero casi ninguna termita se para a reflexionar en serio acerca del precio de todo ese progreso. De hecho, la inmensa mayoría cree que no tiene precio, que sólo aporta ventajas a la hora de acumular viruta. Pero algunas sabemos que no es así, y que el precio que se ha pagado, se esta pagando y se pagará, es muy superior en realidad a las presuntas ventajas que se supone nos aporta. 
La colonia es ya lo único, el único mundo que queda para las termitas que vivimos hoy. El Árbol, del que un día fuimos una minúscula parte, es hoy un mero apéndice de la colonia; pronto puede que ni eso.
Y sin embargo, las termitas de hoy seguimos siendo básicamente como aquellas primeras termitas que vivían al principio en el Árbol Viejo, cuando aún no había un único termitero (ni siquiera una red de grandes colonias) que lo ocupase en su totalidad, sino unos cuantos termiteros pequeños distribuidos por todo el Árbol, el cual compartían con otros muchos seres. Y es por esto por lo que sentimos que algo nos falta: por eso no estamos nunca realmente satisfechas; y por eso sentimos que necesitamos crecer, comer, acumular... porque actuar así acapara nuestra atención y nos evita tener que afrontar lo que realmente somos, lo que realmente necesitamos, en que nos hemos convertido y en que hemos transformado el Árbol del cual siempre hemos sido y seremos parte.       
Yo que sé todas estas cosas, como también en el fondo las saben todas las demás termitas, soy una de las pocas que (aún no acabo de saber por qué) sí se han parado a pensar seriamente acerca de ellas. En la actualidad nadie quiere oír lo que esas pocas tenemos que decir. Nadie quiere recordar. Nadie quiere enfrentarse al dogma del crecimiento. Están todas ocupadas en cosas más importantes, según dicen. No tienen tiempo. Y cuando lo tienen no quieren agobiarse con esas preocupaciones tan “ridículas”; prefieren otras más ridículas aún, como, por ejemplo, tratar de crecer y acumular, mantener el crecimiento a toda costa o protestar porque no pueden crecer y acumular tanto como otras. Y todo esto para no tener que pararse a pensar en lo que os acabo de contar.    
De todos modos, no os preocupéis, vosotros sois seres humanos y esto sólo son problemillas de insectos.





[1] Cuento extraído de Historias desde el Lado Oscuro (E=m.c2,2004,); © 2004, E=m.c2.

sábado, 13 de mayo de 2017

LA OVEJA NEGRA Y EL LOBO

LA OVEJA NEGRA Y EL LOBO[1]
Libertia era una oveja joven pero, al contrario que las demás ovejas del rebaño, ella había nacido de color negro. Y el color era sólo una de sus peculiaridades.
Su carácter era también diferente del de las ovejas blancas. No era tan dócil como sus compañeras. No bajaba la cabeza y se apretujaba contra las demás a la hora de la siesta, ella prefería dar paseos por las inmediaciones en lugar de quedarse amodorrada. Y a la hora de moverse con el rebaño, ella solía adelantarse o quedarse rezagada, o bien salirse de la vereda, haciendo que el pastor y los perros se irritasen y tuviesen que estar siempre corriendo detrás de ella para devolverla a la cañada. Y al volver al redil, al, anochecer, ella era siempre la última y se hacía la remolona de tal modo que el pastor solía tener que amenazarla a gritos blandiendo la cayada y hacerla entrar a empujones y patadas. A veces, se revolvía contra el pastor o los perros y amenazaba con darles un testarazo; e incluso alguna vez lo había hecho. Otras veces, si el pastor se despistaba, se le cagaba y meaba encima de la manta y del morral. Y, con frecuencia, cuando estaba con el resto del rebaño y se aburría, pensaba acerca de las cosas y trataba de explicar a las otras ovejas que era una injusticia que a ellas el pastor no las tratase tan bien como trataba a sus otros animales; que no las acariciase como hacía con los perros que no las diese nada de comer más que la hierba que encontraban en el campo al, contrario que hacía la familia del pastor con el ganado vacuno, al que daban heno y cebada; que no las llevase de paseo al pueblo como hacía con la burra... Y al oírla las otras dejaban de pacer por un momento, levantaban la cabeza, la miraban inexpresivamente y
volvían a pacer, igual que hacían cuando, durante una tormenta, el monótono sonido de la lluvia era interrumpido por un trueno lejano.        
A causa de todos estos rasgos especiales, tan atípicos en una oveja, Libertia se veía a sí misma como una rebelde y se sentía afortunada porque pensaba que ella se había liberado de los prejuicios que a las demás ovejas les impedían ver. Creía que ella era realmente libre.     
Esto fue así hasta que un día, cuando el rebaño estaba en los pastos de verano de las tierras altas de las montañas y tanto las ovejas como el pastor y los perros sesteaban bajo el sol de finales de junio, Libertia, que estaba recorriendo los alrededores como tenía por costumbre, se topó con un animal extraño que estaba tumbado a la sombra de un gran roble. En principio lo tomó por un perro, pues su aspecto era tal, y tranquilamente intercambiaron saludos:
-¡Hola!
-¡Buenas!
-¿Estás vigilando algún rebaño por los alrededores?- preguntó Libertia.       
-De momento no. Por cierto, oveja, ¿no crees que estás un poco lejos de tu rebaño? Podrías perderte.
-No te creas- dijo la oveja ufana -Yo no soy una oveja convencional, soy una oveja negra, voy por libre.  
Al oír esto el desconocido soltó una carcajada que dejó al descubierto unas fauces llenas de afilados dientes y dos pares de grandes colmillos. Libertia al verlos se asustó y, de repente, cayó en la cuenta de que aquel animal parecido a un perro era lo que las ovejas más viejas y los perros del pastor llamaban “lobo”. Iba ya a salir corriendo cuando el lobo le dijo con una sonrisa:
-No huyas, no te voy a hacer daño. Acabo de comerme a una como tú hace un rato al otro lado de los montes. No tengo hambre aún.  
    Me has caído bien y por eso voy a enseñarte algunas cosas acerca de ti misma que tú no sabes.
Libertia, al ver que el lobo no se movía y que realmente no parecía tener intención de atacarla, se tranquilizó un poco y puso cara de interés.         
-¿Qué me puedes enseñar tú que yo ya no sepa?- le contestó.            
-Soy un lobo viejo, no lo olvides, y si de algo sé es de ovejas, porque he matado y devorado muchas en toda mi vida.      
-Vale, pero yo no soy una oveja normal, soy una oveja negra.
-Negra o blanca lo mismo da; en el fondo eres una oveja. Tú presumes de ser independiente, libre… pero no eres capaz de alejarte mucho del rebaño, de abandonarlo realmente, ¿me equivoco? ¿Has pasado algún tiempo lejos del rebaño tu sola? ¿Lo has intentado? ¿A que no? Ni siquiera se te ha pasado por la cabeza.
Miraba a Libertia con sus ojos rasgados de lobo y una mirada severa, y ella callaba y bajaba la mirada en un silencio más que elocuente.
-A ti te basta con darte un paseo durante la hora de la siesta, eso sí, sin perder a las demás ovejas ni al pastor y sus perros de vista; con salirte a la cuneta del camino cuando el rebaño se traslada, pero sin dejar nunca de acabar yendo a donde van todas las demás ovejas; y, en general, con darle un poco más de guerra y trabajo a los perros y a tu amo. Con eso te crees libre y rebelde, pero, en realidad, sigues siendo esclava, sigues formando parte de ese rebaño del que ni puedes ni quieres escapar, sigues siendo una oveja, rara y negra, pero oveja al fin y al cabo.           
    No eres ni un muflón, ni un corzo, ni un ciervo, ni un jabalí, ni una cabra montés, ni un zorro, ni un oso, ni cualquiera de los animales salvajes que habitamos estos montes y somos realmente libres.
    Nosotros despreciamos los cuidados y el afecto de los amos y la comodidad de una vida de esclavos y cautivos, y lo que apreciamos realmente es la vida libre y salvaje que llevamos aquí. Tú, sin embargo, no sabes ni puedes saber, lo que es la libertad, y envidias el pienso que tu amo da a sus vacas y las caricias y el aprecio que da a sus perros, porque eres tan esclava como ellos, y siempre lo serás, porque no eres más que una oveja que no quiere dejar de ser oveja y cree que es bastante con ser negra.           
    Has de saber que si el pastor aun no se ha desecho de ti y soporta tus extravagancias es porque le eres útil. Los rebaños con ovejas negras y blancas son más resistentes a las enfermedades que los rebaños con ovejas blancas solamente. Estos últimos, con el tiempo, tienden a degenerar y extinguirse. De hecho, al otro lado de las montañas, donde la ganadería está mucho más avanzada que aquí, los rebaños están compuestos en su mayoría por ovejas negras y grises porque la mezcla de ovejas de distintos colores para oscurecer el pelaje de sus descendientes asegura la futura salud, resistencia y producción del rebaño, aunque sea menos sencillo de manejar.
    Y ahora, vuelve con tus semejantes antes de que vuelva a tener hambre y me arrepienta de no haberte degollado.         
Y Libertia volvió al rebaño con la cabeza gacha. Y siguió siendo negra, claro está; y tampoco dejó de actuar de forma excéntrica de vez en cuando (al fin y al cabo era una oveja negra y no podía evitar ser un poco estrafalaria), pero no olvidó nunca la verdad de las palabras del lobo: las ovejas negras siguen sin ser más que ovejas, miembros del rebaño.





[1] Cuento extraído de Historias desde el Lado Oscuro (E=m.c2, 2004); © 2004, E=m.c2.  

miércoles, 10 de mayo de 2017

UN COMENTARIO ACERCA DEL VERTIDO DE PETRÓLEO EN EL GOLFO DE MÉXICO

UN COMENTARIO ACERCA DEL VERTIDO DE PETRÓLEO EN EL GOLFO DE MÉXICO. a



La mayoría de la gente culpa del desastre a British Petroleum, a la industria del petróleo o a las grandes corporaciones en general. Es cierto, por supuesto, que las multinacionales son codiciosas, despiadadas y deshonestas, y que la industria del petróleo, y British Petroleum en particular, tiene la responsabilidad inmediata de lo que está sucediendo en el Golfo de México.

Sin embargo, a medida que la tecnología moderna continúe progresando, se irán produciendo desastres artificialmente provocados, de un tipo u otro. La supervisión, por muy estricta que sea, nunca podrá evitar totalmente dichos desastres. No sólo porque siempre existirán la irresponsabilidad, la negligencia y los errores, sino también porque la introducción de una nueva tecnología inevitablemente acarrea consecuencias que nadie puede predecir de antemano, por muy cuidadosa y responsablemente que dicha introducción sea realizada[1]. Éste es el motivo de que los desastres habitualmente provengan de causas insospechadas. Y cuanto mayor sea el potencial aportado por la tecnología, mayores serán los desastres que se produzcan.[2]

Así que aunque la causa inmediata del desastre del Golfo de México es la negligencia por parte de British Petroleum, la causa subyacente es la propia tecnología moderna en sí. La gente comete el error de ver los problemas modernos de forma aislada: se produce un desastre en el Golfo de México, por tanto, hemos de ser más estrictos con las compañías petroleras; la tasa de depresión clínica continúa aumentando, por tanto, hemos de encontrar mejores terapias; el planeta se calienta, por tanto, hemos de desarrollar nuevas formas de producir electricidad; etc. Es necesario que la gente tenga en cuenta el hecho de que dichos problemas, y prácticamente la totalidad de los problemas más graves de los tiempos modernos, son consecuencias directas o indirectas del progreso tecnológico.[3] A medida que la tecnología avance, iremos quedando cada vez más atrapados por los problemas, y no nos libraremos de dichos problemas hasta que no nos deshagamos del sistema tecnológico en su conjunto. Si no nos libramos del sistema tecnológico, él se librará de nosotros, antes o después.

Ted Kaczynski
10 de junio del 2010.






a Traducción de "A comment on the Oil Spill" a cargo de Último Reducto. Nota del traductor.
[1] Technological Slavery, Theodore John Kaczynski, Feral House, 2010, páginas 93 y 212. The Road to Revolution, Theodore John Kaczynski, Xenia, 2008, páginas 78-79, 177-178. [Las páginas citadas se corresponden con las páginas 119-120 y 73, respectivamente, de las siguientes ediciones en castellano: La Sociedad Industrial y Su Futuro,Ediciones Isumatag, en prensa y “La Revolución que Viene”, en Textos de Ted Kaczynski, Último Reducto (Ed.), 2005. N. del t..
[2] Technological Slavery, página 278. The Road to Revolution, página 236.
[3] Technological Slavery, página 268. The Road to Revolution, páginas. 224-225.

domingo, 30 de abril de 2017

ALGUNAS RESPUESTAS A UN ANARCOVEGANO

Hace ya varios años (2013) un anarquista vegano envió varios correos electrónicos a Último Reducto haciendo varias preguntas y críticas acerca de las ideas de Ted Kaczynski y de Último Reducto. A continuación se ofrece una adaptación de las repuestas dadas por Último Reducto a algunas de dichas preguntas y críticas que pueden resultar de interés para los lectores de este blog y servir, de momento, para aclarar ciertos aspectos acerca de las ideas tanto de Ted Kaczynski como de Último Reducto:
-   Preguntas cuáles son mis ideas respecto a “cosas como la civilización, las sociedades de masas, la tecnología, la decadencia de la humanidad, etc.”. Odio la civilización, las sociedades de masas y la tecnología moderna. Creo que somos una especie genéticamente adaptada por la evolución a vivir en pequeños grupos nómadas de cazadores-recolectores, por lo que no estamos en absoluto adaptados para vivir en sociedades grandes y complejas ni para cumplir con sus exigencias (cooperación, solidaridad y relación pacífica y amistosa con desconocidos, aglomeración poblacional, ruidos, excesivas normas de conducta y restricciones, exceso de comodidades, condiciones que generan la frustración de muchas necesidades psíquicas, etc.) y de ahí muchos de nuestros problemas actuales (especialmente los trastornos psicológicos y las conductas antinaturales cada vez más abundantes entre la población moderna). Otros muchos problemas son efectos inevitables del gran tamaño, de la complejidad y/o la propia naturaleza de la tecnología moderna y de la sociedad industrial que ésta mantiene: destrucción de ecosistemas salvajes, contaminación, interferencia en los mecanismos de autorregulación de los sistemas no artificiales, progresiva sustitución de dichos sistemas por sistemas artificiales (incluida la progresiva sustitución de los seres humanos por máquinas), etc. 
Pero igualmente odio la mayoría de las formas presuntamente rebeldes en que algunos pretenden estar combatiendo esta sociedad y sus problemas. Odio el humanismo (entendido como toda corriente que ensalce "lo humano", "la humanidad" -que normalmente confunde, no por casualidad, con "lo civilizado"-), ya que desprecia lo salvaje y antepone siempre "lo humano" al resto. Odio el progresismo, entendido como toda aquella corriente que defiende alguna noción de "progreso" (creencia en que el desarrollo es algo incuestionablemente bueno), ya que con sus buenas intenciones favorece la expansión del mal (el desarrollo del sistema tecnoindustrial). Y odio el izquierdismo, entendido como toda corriente que tenga como valores y objetivos fundamentales la igualdad, la solidaridad, la paz, la justicia, etc. (ejemplos: anarquismo, comunismo, socialismo, luchas por los derechos de grupos supuestamente oprimidos -mujeres, inmigrantes, homosexuales, animales, trabajadores, minorías étnicas, etc.-). El izquierdismo es la forma de humanismo más habitual hoy en día, ya que en realidad defiende valores beneficiosos para el mantenimiento y desarrollo del sistema tecnoindustrial. Y no sólo odio el izquierdismo porque defiende, de forma más o menos explícita, los valores y objetivos del propio sistema tecnoindustrial, sino porque está sirviendo de mecanismo para anular y desactivar la posible auténtica rebeldía en contra del sistema. Está atrayendo a gente potencial o realmente inquieta, rebelde y crítica que o bien acaba abrazando valores, ideas y objetivos que no son los verdaderamente suyos y que en realidad ayudan a aquello que en un principio querían combatir, o bien acaba frustrada y desencantada y deja de rebelarse. Por ello no me siento identificado con la mayor parte del ecologismo, ni con la mayor parte de quienes dicen cuestionar la sociedad industrial, el progreso y la tecnología moderna, ya que lo suelen hacer desde posicionamientos izquierdistas, humanistas e, irónicamente, progresistas. O, como mínimo, suelen tener tal cacao mental que mezclan valores correctos, como el respeto a la autonomía de lo Salvaje o el amor por la Naturaleza, con los valores y objetivos del sistema tecnoindustrial (los valores y luchas humanistas, progresistas e izquierdistas). 
-   Dices que no crees que un grupo reducido de personas puedan hacer el más mínimo daño al sistema tecnoindustrial. Es una pena que mucha de la gente que realmente odia el sistema tecnoindustrial crea que es imposible destruirlo y/o esté manifestando su muy justificada rebeldía de forma ciertamente ineficaz. Hasta cierto punto, precisamente esa actitud derrotista y esa desorientación en los valores y objetivos están dificultando mucho el surgimiento de un movimiento realmente rebelde y eficaz que pueda tener, llegado el momento, alguna opción de destruir el sistema. Si el sistema no se puede destruir, es en buena medida (aunque no sólo por eso) debido a que la mayoría de quienes deberían combatirlo no creen que sea posible y/o dedican sus esfuerzos a luchar por alcanzar los fines equivocados (fines compatibles con la supervivencia del sistema; o incluso beneficiosos para su mantenimiento y desarrollo). 
-   En cuanto a que la gente no va a entender lo que Ted Kaczynski dice y que los izquierdistas lo van a tergiversar en su contra, te diré lo siguiente (es mi opinión, aunque creo que Kaczynski te diría algo parecido con otras palabras). Lo importante no es lo que los izquierdistas o aquellos que se dejan influir por ellos digan de nosotros (de Ted Kaczynski o de Último Reducto, por ejemplo), sino que se mantengan alejados del potencial movimiento contra la sociedad tecnoindustrial que desearíamos que surgiese. Y para ello, está bien marcar claramente los límites e incluso dar un discurso incompatible con el izquierdismo que "espante" a los izquierdistas, aunque ello haga que nos odien y vilipendien (mejor eso que tenerlos "a favor", contaminando, absorbiendo y apropiándose de nuestro discurso). Quienes sean realmente inteligentes y válidos y no compartan los valores y la actitud izquierdistas siempre encontrarán el modo de no caer en las mentiras del izquierdismo (o de acabar desvelándolas y deshaciéndose de ellas) e incluso entrar en contacto con otros individuos similares y con sus ideas (como por ejemplo, con las de Kaczynski). Además, nuestro propósito no es llegar a cualquiera, a las masas, sino a aquellos individuos que podrían estar realmente interesados en nuestras ideas porque, en cierto modo, ya las comparten y han llegado a ellas por su cuenta, ya que sería entre esa minoría donde se hallarían los potenciales miembros de un movimiento realmente contrario al sistema tecnoindustrial. Lo peor que nos pueden llamar los izquierdistas no es sexistas, fascistas, racistas, homófobos, derechistas, etc. -eso lo hacen con cualquiera que no les siga la corriente-, sino "compañeros" (y muchos lo hacen; especialmente muchos anarquistas presuntamente contrarios al sistema tecnoindustrial pero fuertemente influenciados por ideas y valores izquierdistas, e incluso involucrados en luchas izquierdistas).
Por otro lado, acabar con el izquierdismo no es nuestro objetivo. Atacamos el izquierdismo sólo porque es un requisito imprescindible para tratar de mantener sano, centrado y eficaz el potencial movimiento contrario al sistema tecnoindustrial. El objetivo es destruir el sistema tecnoindustrial no el izquierdismo. A éste es suficiente con mantenerlo alejado de dicho movimiento.
-   En cuanto a lo que dices acerca de que la opinión de Ted Kaczynski en contra del veganismo y del movimiento por los derechos de los animales es equivocada, yo estoy de acuerdo con los argumentos de Ted, o sea que el veganismo ayudaría al sistema a sobrevivir y que la lucha contra la explotación de los animales desvía la atención y las energías del objetivo prioritario: acabar con la sociedad tecnoindustrial.
El veganismo (me refiero aquí sólo a la dieta vegana, que es la acepción más habitual de "veganismo", no al modo de vida vegano) es energéticamente más eficiente que el omnivorismo. Es pura termodinámica. Si se eliminan eslabones en la cadena trófica, se reducen las pérdidas de energía, es decir, aumenta la eficacia en el aprovechamiento energético del alimento. Esto quiere decir que si todo el mundo se hiciese vegano se ahorraría mucho alimento, y con ello mucha de la energía y materiales necesarios para producirlo. O dicho de otro modo (y mejor dicho), al desviar o sustituir para el consumo humano directo el alimento que ahora se cultiva para alimentar a los animales de granja, se podría alimentar a mucha más gente con el mismo gasto de energía y materiales. Esto no lo digo sólo yo, ni ciertos científicos, lo dicen la mayoría de los propios veganos (es uno de sus principales argumentos, aparte de los motivos éticos). Es decir, la generalización del veganismo ayudaría a la sociedad tecnoindustrial a ahorrar energía y materiales, o más bien, a usarlos más eficientemente para poder así mantenerse e incluso crecer. Y de hecho, cada vez se escuchan más voces en los medios reivindicando la generalización de una dieta vegetariana (e incluso vegana) en base a este argumento. Y si alguna vez el vegetarianismo, o incluso el veganismo, se generaliza, lo hará por este motivo (porque las circunstancias de escasez y superpoblación obliguen a la sociedad tecnoindustrial a adoptarlo para poder sobrevivir; algo que, en gran medida, ya pasó en la India hace miles de años), no por motivos éticos (éstos podrían ser usados después para justificar y mantener ideológicamente dicha adopción -esto es lo que las sociedades hacen siempre con la moral-, pero es muy poco probable que la provocasen por sí mismos).
Dices que es más importante y prioritaria la abolición de la esclavitud de los animales que la eliminación del sistema tecnoindustrial. Discrepo profundamente. Y no porque crea que la esclavitud de los animales no es algo que esté mal, sino por los dos siguientes motivos meramente prácticos: 
+ Si el sistema tecnoindustrial sigue adelante llegará un momento en que no quede prácticamente nada sin dominar, pervertir o destruir en este planeta. Si el sistema sigue adelante llegará un momento en que hablar de la libertad (de los animales no humanos o de los seres humanos) carezca de sentido, porque será imposible vivir libres en semejante mundo hipertecnologizado. Los ecosistemas salvajes habrán desaparecido completamente, junto con muchas de las especies que los componen. ¿Dónde podrán vivir libres los animales en dicho mundo? Las personas (y con ellas probablemente los animales domésticos) serán completamente dependientes de la tecnología moderna para mantenerse vivos, en caso de que aún no hayan sido sustituidos completamente por máquinas. ¿Cómo podrán ser libres en esas circunstancias? La libertad depende de que las circunstancias la hagan posible, por eso es más importante y urgente tratar de evitar que las circunstancias que la hacen posible desaparezcan completa y definitivamente en un futuro que tratar de liberar a los individuos (humanos o no) ahora.
+  Perseguir fines loables pero imposibles nos desvía de fines que sí son posibles (y no menos loables). Destruir el sistema tecnoindustrial (y con ello asegurar que seguirán existiendo condiciones que permitan la libertad de al menos algunos animales, humanos o no) es factible (luego vuelvo con esto), liberar definitivamente a todos los animales no. No digo que no sea un fin deseable, digo que es imposible. Al menos mientras existan seres humanos[1] existirán animales esclavos. Los seres humanos no van a abandonar unánimemente la domesticación de animales. Siempre habrá gente (probablemente la mayoría) que la practique si tiene la ocasión y las circunstancias lo favorecen. La única posibilidad de evitarlo sería la instauración de una especie de dictadura a nivel mundial que prohibiese la esclavitud de los animales e implantase unas férreas vigilancia y represión y una continua e intensa propaganda para evitar que la gente practicase la domesticación de animales en cualquier lugar del planeta. Esto último es muy poco probable que llegue a suceder (¡por suerte!). E incluso, si llegase a suceder, supondría el mantenimiento de la sociedad tecnoindustrial, ya que sería imposible mantener semejante aparato represivo y propagandístico mundial sin una tecnología compleja
Además de lo dicho, tengo algunas otras razones mías propias (y creo que sensatas) para no comulgar ni con el veganismo ni con la mal llamada "liberación animal". Y quede claro que creo que los animales deberían ser libres y salvajes (precisamente por esto no comulgo con dichas corrientes y movimientos).
Mis otros motivos para no comulgar con el veganismo ni con el movimiento por los derechos de los animales ni con la, habitualmente mal llamada, "liberación animal" son:
+  No creo que el veganismo signifique automáticamente mejor salud en todos los casos. Somos omnívoros (cazadores-recolectores) por naturaleza (lo de que somos veganos por naturaleza es uno de los muchos mitos de la propaganda vegetariana), lo cual hace que podamos adaptarnos a muchas formas de dieta, desde las basadas casi estrictamente en alimentos vegetales hasta las basadas estrictamente en alimentos animales. Pero adaptarse a unas condiciones es una cosa y otra muy distinta es que esas condiciones sean las adecuadas u óptimas. Además, somos muy diversos a nivel individual y unos individuos se adaptan y reaccionan mejor que otros a las mismas condiciones. En el caso del veganismo, hay de todo. A alguna gente parece no causarles problemas de salud y a otros, sin embargo, prácticamente los mata (yo he conocido de cerca casos de desnutrición grave en personas que seguían la dieta vegana correctamente). Eso sin contar con que en un mismo individuo que tolere el veganismo, el estado físico es mejor con una dieta omnívora sana y variada que con una dieta vegana (puede estar sano y relativamente fuerte siendo vegano pero, en igualdad del resto de condiciones, siendo omnívoro estará aun mejor). Es decir, que la adopción generalizada del veganismo no mejoraría la salud de la población en general, sino que, en muchos casos, la empeoraría. De hecho, sospecho que, en el caso de muchos veganos, si no se producen más problemas de desnutrición es porque consumen productos alimenticios de origen industrial (proteína sintetizada a partir de la soja, alimentos exóticos, alimentos enriquecidos artificialmente con vitaminas y otros nutrientes, suplementos de vitaminas en pastillas o inyectados, etc.), es decir, su dieta es tan artificial o más que la del resto de la población. Una dieta vegana exclusivamente basada en alimentos no tratados industrialmente, cultivados en el entorno cercano y según la temporada, sin suplementos ni aditivos nutricionales, probablemente sería inviable en muchos casos y en muchas zonas del planeta. Y si para mantener la salud de la población vegana hace falta incluir suplementos nutricionales industrialmente producidos o alimentos exóticos y producidos de manera industrial, entonces el veganismo es dependiente de la tecnología moderna, no incompatible con ella. No veo claro que la adopción generalizada del veganismo llevase necesariamente a la eliminación del sistema tecnoindustrial, sino más bien al contrario (incrementaría la dependencia del mismo). E incluso dejando esto último de lado, la adopción generalizada del veganismo, tal y como es entendido por la mayoría de los veganos (como la dieta vegana más el rechazo del consumo de productos de origen animal o testados con animales), es totalmente compatible con la existencia de una sociedad tecnoindustrial. Sería perfectamente posible que llegase a existir una sociedad tecnoindustrial en la que toda su población llevase una dieta vegana y no usase productos de origen animal ni probados en animales.
+  La inmensa mayoría de quienes dicen defender o luchar por los derechos de los animales y/o por su "liberación", en realidad no están defendiendo en absoluto la libertad de los animales, sino sólo su vida o/y su bienestar. O dicho de otro modo, la libertad no es el valor central (ni a menudo siquiera secundario) de las corrientes y movimientos animalistas, sino la sacralidad de la vida individual (o la supuesta maldad absoluta de la muerte) y/o el bienestar (o la supuesta maldad absoluta del sufrimiento). No luchan realmente contra la esclavitud de los animales, sino principal o exclusivamente contra su muerte o contra su maltrato. El discurso habitual de la mayoría de los grupos y corrientes animalistas tiene como fines centrales el mantenimiento de la vida individual (o, dicho de otro modo, la evitación de la muerte) y/o el bienestar (o, dicho de otro modo, la evitación del maltrato) de los animales. La mayoría de quienes simpatizan con o militan en dichos grupos o corrientes nunca se han parado a pensar seriamente en qué valores defienden realmente ni en sus implicaciones. Nunca se paran a preguntarse si es más importante ser libre que seguir vivo o ser libre que no sufrir; si morir o matar es siempre algo tan malo; si vivir es siempre algo tan bueno; si sufrir o hacer sufrir a otros es siempre algo malo y si no hacerlo es siempre algo bueno; si ser libre es siempre compatible con no matar –o incluso con no morir- y/o con no hacer daño o no sufrirlo. O si alguna vez lo hacen, lo hacen de manera puramente anecdótica y no llegan a relacionar esas cuestiones con los valores en que se basa el discurso animalista que defienden acríticamente. Simplemente repiten los esquemas y eslóganes del discurso animalista habitual, y se quedan contentos tratando de evitar que se mate y/o maltrate a ciertos animales, convencidos de que lo que apoyan es correcto. Su buena intención es mucho mayor que su capacidad de reflexión y que su espíritu crítico. Pero la buena intención es a menudo causa de los peores males.
Por otro lado, los pocos que se paran a pensar mínimamente en ello, entre los que se hallan aquellos filósofos y activistas que dan forma al discurso y la ideología animalistas e influyen sustancialmente en el rumbo de esas corrientes, son aun más peligrosos, porque por lo general asumen conscientemente que la vida individual y/o el bienestar están por encima de la libertad. Para ellos lo malo no es la domesticación de los animales, lo malo es que se les mate y/o se les maltrate. De hecho, muchos de ellos no otorgan valor alguno a la libertad, e incluso la consideran mala (la verdadera libertad conlleva inevitablemente cierto grado de sufrimiento, propio y ajeno y conlleva necesariamente un número importante de muertes, tanto la propia, llegado el momento, como muchas otras ajenas). Un mundo en que todos los animales fuesen libres sería un mundo lleno de depredación, parasitismo, lesiones, enfermedades, etc., algo que aterra a esta gente; algo que odian profundamente. ¡Esta gente odia lo salvaje! Por eso su fin y/o su ideal, es lograr evitar que los animales mueran y/o sufran, no que sean libres. De hecho, los más "lúcidos" de entre ellos saben que para lograr evitar la muerte o el sufrimiento del máximo número posible de animales, deberán impedir que éstos sean libres ya que los animales libres se dañarán entre sí (depredación, parasitismo, peleas, etc.) o a sí mismos (accidentes). Es pura lógica, si lo que importa es evitar la muerte y/o el sufrimiento, entonces hay que acabar con la libertad y con lo salvaje. Partiendo de la asunción consciente de esos valores se han desarrollado diversos delirios ideológicos dentro del movimiento por los derechos de los animales, que van desde disparatados debates acerca de qué deberían hacer los animalistas con los animales depredadores (la depredación en la Naturaleza es causa de muchas más muertes al año que la industria ganadera o la vivisección, ¿deberían los animalistas centrarse en combatirla? ¿Habría que encerrar a los depredadores y controlar su alimentación artificialmente para convertirlos en veganos o habría que exterminarlos? ¿Cómo controlar entonces la población de los herbívoros? ¿Esterilizándolos?) hasta la defensa de un superestado animalista que controle tecnológicamente no sólo la sociedad humana sino el conjunto de la biosfera para evitar la muerte y/o el sufrimiento de los animales (cómo sería posible crear y usar el inmenso sistema tecnológico que sería necesario para ello sin causar la muerte y el sufrimiento de millones de animales a su vez es algo que normalmente ni se les ocurre plantear). Lo más triste es que la mayoría de quienes repiten ingenuamente como loros los eslóganes animalistas básicos (esos ingenuos bienintencionados que no se paran a reflexionar sobre los valores que están apoyando realmente) ni siquiera conocen esta otra cara del movimiento animalista. Y sin embargo, ésta es la consecuencia lógica y "natural" del desarrollo de los valores en que se está basando esa corriente.
Y más triste aun es que muchos de quienes dicen tener como valores lo salvaje, la libertad, lo primitivo, etc., pero apoyan la comúnmente mal llamada "liberación animal" (ahora sabes por qué considero que "liberación" no es el término adecuado en la mayoría de los casos), o sea, muchos anarquistas, anarcoprimitivistas y similares, no saben tampoco lo que están apoyando realmente. Esta gente debería parase a pensar seriamente y preguntarse qué es lo más importante para ellos, ¿defender la libertad y lo salvaje y combatir lo que los destruye o acabar con la muerte y el sufrimiento de los animales (humanos o no)?; qué es lo que realmente desean conseguir y qué están ayudando a conseguir realmente, ¿la libertad de los animales o la dominación bienintencionada del planeta? Pero, en la mayoría de los casos, por lo que conozco, pedirle a esta gente pensar seriamente y aclararse es pedirle demasiado...
+  Una cuestión de mera estadística, pero uno de los motivos principales para no preocuparse de ser vegano: lo que haga o deje de hacer en privado un sólo individuo anónimo (o unos pocos individuos anónimos) no tiene influencia alguna en las tendencias generales de una sociedad de masas. La coherencia práctica personal o muy minoritaria (por ejemplo, la práctica del veganismo) es completamente ineficaz como método estratégico para incidir en la sociedad. En el caso que nos ocupa, uno puede dejar de comer lo que le dé la gana o dejar de usar lo que quiera que ello no va a hacer que se esclavicen menos animales (ni siquiera hará que mueran o sufran menos), a no ser que logre que un número de personas suficientemente grande también haga lo mismo. Y para lograr eso, lo de menos es si él mismo es vegano o no. Porque eso sólo se puede conseguir mediante un aparato propagandístico sofisticado y/o mediante la imposición por la fuerza desde el poder. O sea, que si alguien realmente quiere que el veganismo llegue a tener influencia real y permanente en el mundo deberá desarrollar y mantener unos medios muy elaborados de control y manipulación del pensamiento y del comportamiento (y para ello es necesaria la existencia de un sistema tecnoindustrial) y/o hacerse o aliarse con el poder para que lo apoye, o mejor aún, lo imponga (este último método es el que permitió, por ejemplo, al cristianismo y al budismo llegar a ser religiones influyentes en sus sociedades).
-  Preguntas cuál es el objetivo que se perseguiría con la destrucción del sistema tecnoindustrial. El objetivo de la destrucción del sistema tecnoindustrial sería impedir que la Naturaleza salvaje en la Tierra sea completamente sometida y/o destruida por dicho sistema. Quizá parezca un objetivo pobre a quienes sueñan con acabar con toda dominación o con eliminar la civilización, o con instaurar utopías y “mundos felices” de todo tipo pero, al contrario que estos fantasiosos fines, la destrucción del sistema tecnoindustrial tiene a su favor que es un fin posible, realista (hay una pequeña posibilidad de alcanzarlo).
-  Dices, “Si el sistema se puede destruir -cosa que dudo- será porque las personas cambiarán definitivamente, reduciendo su población drásticamente, restringiendo la tecnología o adoptando una tecnología simple, y abandonando paulatinamente sus mitos”. Sin embargo, la gente, en general, no va a cambiar, por una sencilla razón: son humanos. Los humanos tienen una naturaleza, es decir, unas tendencias psicológicas innatas, unas pautas de comportamiento y pensamiento propias de la especie que hacen que eso de “concienciar a todo el mundo” (o a la mayoría) de lo que sea, resulte una ingenuidad. La única forma de hacer cambiar realmente y de forma permanente a todo el mundo sería cambiando esa naturaleza (modificación genética). Y en ese caso dejarían de ser humanos. Los seres humanos, entre otras cosas, suelen anteponer el interés propio al ajeno, la comodidad al esfuerzo y lo inmediato al largo plazo y la gran escala. Ya sólo estos rasgos humanos (desarrollados evolutivamente porque favorecían sobrevivir y prosperar en la Naturaleza salvaje y en pequeños grupos familiares) hacen que resulte imposible cambiar permanentemente y por las buenas el comportamiento de la mayoría de la gente (o que cambien por sí mismos) para que adopten modos de vida y sociedad “más éticos”. Sólo mediante el engaño (propaganda sofisticada) y/o la fuerza se puede cambiar dicho comportamiento, y sólo hasta cierto punto (la plasticidad del comportamiento humano tiene unos límites, más allá de los cuales, los trastornos psicológicos derivados de forzar la naturaleza humana son demasiado graves y el cambio es inviable; y además, en cuanto cesan la presión propagandística y/o la represión, la gente tiende a volver a comportamientos más acordes con su naturaleza, que suelen ser muy distintos de los que quienes manejaban la propaganda o usaban la represión deseaban lograr y mantener).
-  Dices, “suponiendo que la destrucción del sistema es literal, ya que no se busca cambiar a las personas y que descubran la trampa tecnológica, ¿cómo se destruye?”. La línea estratégica general a seguir no es ni convencer a la mayoría de la gente de que la tecnología moderna es mala y debe ser abandonada (algo imposible, aunque sólo sea porque la mayoría de la gente jamás va a entender nada que vaya más allá de ideas simples y desconectadas entre sí) ni montar un grupo minoritario que se líe a atacar y desmantelar el sistema tecnoindustrial aquí y ahora (el sistema ahora es demasiado fuerte como para poder dañarlo seriamente en la actualidad). Para que un movimiento contra el sistema tecnoindustrial tenga alguna opción de éxito ha de producirse un debilitamiento del sistema tecnoindustrial. Es probable que dicho debilitamiento se produzca, antes o después, en forma de una grave crisis ecológica, social y/o económica. En ese momento de grave debilidad del sistema, un movimiento fuerte y bien organizado (que no necesariamente habría de ser muy grande) podría dar el golpe de gracia a ese sistema tecnoindustrial ya gravemente dañado. Por eso, es importante que dicho movimiento se desarrolle antes de que surja dicha crisis para poder aprovechar la oportunidad, en caso de que ésta llegue. 
Por supuesto, puede que los métodos que se tuviesen que usar, llegado ese momento, para acabar con la sociedad tecnoindustrial no fuesen precisamente del agrado de los anarquistas (puede que tuviesen que tomar y ejercer el poder de algún modo y puede que tuviesen que usar métodos represivos, engañar a la mayoría de la población o incluso matar o dejar morir a muchas personas, entre otras cosas poco escrupulosas). El fin justifica los medios, al menos en este caso.
-  Dices que si se consiguiese destruir el sistema habría que “eliminar todo residuo del mismo con el fin de que no se volviera a producir”. Sería imposible eliminar todo residuo del sistema tecnoindustrial, al igual que sería imposible evitar que quizá volviese a surgir dentro de muchos años, pero el objetivo no ha de ser ése, sino simplemente destruir el sistema tecnoindustrial actual. Como ya he dicho, hay que ser prácticos y centrarse en lo que es realmente posible conseguir.
De todos modos, un sistema tecnoindustrial es una forma de sociedad tremendamente compleja. Una vez se viniese abajo, sería muy difícil volver a reconstruirlo (quizá sería posible que volviese a ser desarrollado, pero llevaría siglos), pues ello requeriría reconstruir muchas infraestructuras que ya no existirían y que tardaron siglos en desarrollarse: formas sofisticadas de extraer y usar energía, tecnologías complejas que sirven de base a otras tecnologías aun más complejas, etc. Habría que volver a pasar por todos los pasos por los que ha pasado previamente la sociedad desde la era preindustrial hasta nuestros días. Y puede incluso que ya no sea posible repetir ciertos pasos.





Último Reducto

Contacto: ultimo.reducto@hotmail.com





[1] Es muy poco probable que la especie humana se extinga sin a la vez llevarse por delante todas o la mayoría del resto de especies animales. La especie humana probablemente sobreviviría al colapso del sistema tecnoindustrial siempre y cuando éste no implicase la destrucción total de la biosfera. En tal caso, muchos de los supervivientes practicarían la ganadería si tuviesen ocasión, y sería imposible evitarlo. No se me ocurre ninguna forma realista de acabar con la domesticación de animales tras el colapso de la sociedad tecnoindustrial, del mismo modo que no se me ocurre ninguna forma realista de impedir que sobrevivan o se restauren la civilización, la agricultura, la dominación entre humanos, etc., en dichas circunstancias.

domingo, 5 de marzo de 2017

CARTA DE TED KACZYNSKI A J.A.

Carta de Ted Kaczynski a J. A.[i]

No tengo los conocimientos técnicos para valorar o criticar el informe Meadows1 ni los otros materiales que usted me envió y que predicen una grave crisis de la civilización tecnológica en un futuro cercano debida al agotamiento de los recursos. Sin embargo, no puedo asumir que esas predicciones sean acertadas. La mayoría de las predicciones acerca del futuro de las sociedades son especulativas y poco fiables. (“La gente predijo la caída del Partido Comunista Chino en 1989 y ésta no ocurrió. ... La gente no predijo la caída de la Unión Soviética en 1991 y ésta sucedió.”2). Y hay otra gente que hace predicciones muy diferentes de las de usted. Por supuesto, no hay duda de que el mundo se está encaminando hacia dificultades económicas y medioambientales muy graves pero no estoy convencido de que éstas en un futuro próximo acarreen una crisis tan grave como la que usted y otras personas predicen.
Sin embargo, supongamos que, en términos puramente económicos y medioambientales, la crisis  sea tan grave como sugieren los materiales que usted me envió. Aun así, creo que no es nada aconsejable predecir que el sistema tecnológico sufrirá un colapso pronto. Es relativamente sencillo dibujar gráficos que muestren ciertas tendencias cuantitativas (agotamiento de las reservas de petróleo, etc.); es mucho más difícil prever cómo reaccionará una civilización, en términos sociales, políticos y organizativos, a los sucesos cuantitativos predichos por los gráficos.
En cualquier situación conflictiva uno de los errores más peligrosos que se pueden cometer es subestimar la fuerza del adversario.3 Por lo general es mejor sobreestimar su fuerza. La subestimación de la fuerza del adversario lleva a la confianza exagerada y a la disminución del esfuerzo propio, lo cual es una formula segura para acabar siendo derrotado.
Si usted predice que el sistema tecnológico pronto se colapsará, está usted animando a los oponentes del sistema a que simplemente paren, se relajen y esperen a que se produzca ese resultado. Pero entonces, ¿qué pasará si usted se equivoca y el sistema sobrevive a la crisis?
En mi opinión, el sistema es mucho más fuerte de lo que usted piensa. Yo creo que, a medida que las dificultades económicas se vayan haciendo cada vez más graves, el sistema reaccionará explotando los recursos de la Tierra cada vez más imprudentemente con el fin de mantenerse vivo. Al final, el sistema colapsará, pero para entonces probablemente habrá devastado la Tierra de un modo tan exhaustivo que nuestro planeta ya no será habitable para los seres humanos ni para ninguna otra forma de vida compleja. El único modo de evitar esto es precipitar el colapso del sistema mediante la acción revolucionaria  antes de que vuelva inhabitable nuestro mundo.
Escribe usted: “Confío bastante en que los problemas de producción de energía a los que nos estamos enfrentando (y a los que nos enfrentaremos) obligarán a abandonar cualquier sueño acerca de la inteligencia artificial avanzada y de lograr un mundo más tecnológico del que experimentaremos en esta década”.
Creo que se equivoca usted. Yo pienso que la escasez aguda de energía y de otros recursos será un estímulo y un incentivo para el desarrollo de la inteligencia artificial y de los robots, y que conllevará la inversión de más recursos en esas áreas de investigación. Los seres humanos son muy caros de mantener y, en muchos aspectos, son unos componentes ineficientes del sistema tecnológico. Hay que alimentarlos, vestirlos, alojarlos, entretenerlos, educarlos y disciplinarlos; tienen multitud de necesidades emocionales que son inconvenientes para el sistema. A medida que se vaya haciendo progresivamente más difícil encontrar recursos para mantener a siete mil millones de seres humanos, el sistema se verá más y más impelido a tratar de desarrollar ordenadores y robots que puedan reemplazar a los seres humanos; y mientras, los seres humanos que vayan volviéndose superfluos serán tratados cada vez más despiadadamente. Aquí, en los Estados Unidos, ya estamos viendo los comienzos de esto último: ancianos, a los que las grandes empresas o los gobiernos (municipales, estatales o federales) les prometieron una pensión o asistencia sanitaria y que planearon sus vidas asumiendo que esas promesas serían cumplidas, están perdiendo esos beneficios o los están viendo seriamente recortados debido a las presiones económicas actuales.4 Por tanto, yo creo que las dificultades económicas y medioambientales del sistema acelerarán la progresiva eliminación de los seres humanos y su sustitución por ordenadores y robots.
Por supuesto, estas predicciones son siempre inciertas. Pero su predicción de que los problemas económicos y medioambientales detendrán pronto el progreso tecnológico es igualmente incierta; de hecho, yo creo que es improbable.
Por consiguiente, sostengo que la crisis que se avecina no debería ser vista como un suceso que nos salvará de la tecnología. En vez de eso debería ser presentada como una oportunidad para echar abajo el sistema tecnológico mediante la acción revolucionaria. Con la llegada de una crisis económica y medioambiental que inhabilite gravemente al sistema, un movimiento revolucionario bien organizado y eficaz debería ser capaz de dar el golpe de gracia que eliminase definitivamente la civilización tecnológica.
Sin embargo, el momento de comenzar a organizar un movimiento revolucionario es ahora. Si esperamos más probablemente será ya demasiado tarde.

NOTAS

1.    Donella Meadows, Jorgen Randers y Dennis Meadows, Limits to Growth: The 30-Year Update, White River Junction: Chelsea Green Publishing Company, 2004.[ii]
2.    James Fallows, “Arab Spring, Chinese Winter”, The Atlantic, septiembre 2011, pág. 58 (citando a Perry Link).
3.    De Lao Tze (también conocido como Lao tzu o Lao Zi): “El mayor desastre es subestimar al enemigo; subestimar al enemigo hará que pierdas todos tus ejércitos”. Xiaolin Yang e Irene Yang, Lao Zi: A Modern Chinese and English Translation, Infinity Publishing, Haveford, Pennsylvania, 2002, capítulo 69, pág. 139.
4.    Por ejemplo, USA Today, 20 de julio, 2011, pág. 3ª (pie de foto); “El fin de la era de los derechos”, The Week, 29 de julio, 2011, pág. 12; Dennis Cauchon, “Federal Benefits, pensions explode” y “Benefits are hard-earned, say military retirees”, USA Today, 29 de septiembre, 2011, págs. 1A y 4A.





[i] Traducción a cargo de Último Reducto de un fragmento de la carta original del 27 de junio del 2012. © 2012, Theodore John Kaczynski. © para la traducción, 2017, Último Reducto. N. del t.
[ii] Existe traducción en castellano: Los límites al crecimiento 30 años después. Galaxia Gutemberg, 2006. N.del t.

miércoles, 19 de octubre de 2016

"ANTI-TECH REVOLUTION: WHY AND HOW". NUEVO LIBRO DE TED KACZYNSKI.

"Hoy en día hay mucha gente que ve que la sociedad moderna está dirigiéndose hacia el desastre de un modo u otro y que, además, reconoce que la tecnología es el hilo común que une los principales peligros que se ciernen sobre nosotros [...].
"El propósito de este libro es mostrar a la gente cómo comenzar a pensar en términos prácticos y de estrategia general acerca de lo que debe ser hecho para apartar nuestra sociedad del camino hacia la destrucción en que se encuentra ahora.
"[...] Este libro representa sólo una parte, aunque la más importante, de una obra más amplia que espero publicar más adelante. Me he apresurado a publicar la parte más importante de la obra lo antes posible, ya que el crecimiento de la tecnología y la destrucción de nuestro entorno avanzan a un ritmo continuamente acelerado y el momento de empezar a organizarse para la acción es, lo antes posible [...].
"El conjunto de la obra –la parte aquí publicada más las partes que actualmente existen sólo en forma de borradores imperfectos va mucho más allá de mis primeros trabajos, La Sociedad Industrial y Su Futuro y Technological Slavery, y representa más o menos el resultado de una vida de pensamiento y lectura –a lo largo de los últimos treinta y cinco años, pensamiento intenso y lectura con un propósito concreto. La base fáctica de la obra procede principalmente de mi lectura durante todos esos años, y en especial de las lecturas que he realizado desde 1998 estando recluido en una prisión federal [...]." (Traducción de un fragmento del prefacio de Anti-Tech Revolution: Why and How).


Recientemente ha sido publicado en inglés un nuevo libro de Theodore John Kaczynski, bajo el título: Anti-Tech Revolution: Why and How. El libro trata ciertos aspectos de vital importancia a la hora de plantearse la posibilidad de acabar con la sociedad tecnoindustrial: la imposibilidad de planificar y controlar racionalmente el desarrollo de la sociedad, la ineficacia de los intentos de reformarla, las líneas estratégicas generales a seguir y los errores a evitar, etc.



Existen tres ediciones de la obra:



 EE.UU



Nota: Theodore John Kaczynski no recibe ninguna remuneración por este libro.